Cartas a los Miembros

Enero 08, 2021

Queridos hermanos:

Éste es un período triste para los Estados Unidos y para el mundo. En medio de una pandemia que todavía está vigente en gran parte del mundo, en Estados Unidos se llevó a cabo una elección presidencial. Fue una contienda muy acalorada por parte de ambos bandos. ¿Fue justa, legal o fue un fraude? Estados Unidos es una nación que está siendo juzgada por sus acciones, y así sucede con nuestro cristianismo. Por los fuertes sentimientos que vemos que se exhiben a nuestro alrededor, si no somos cuidadosos, sería fácil que algunos de nosotros cayéramos en las mismas actitudes de ira y división.

Después de ver las escenas de caos en la capital de nuestra nación, el miércoles 6 de enero, la Junta Ministerial de Directores y la administración de la Iglesia de Dios, una Asociación Mundial, sintieron que era necesario recordarnos a todos que, basados en principios bíblicos, nos oponemos rotundamente a involucrarnos en la política de este mundo. Los sucesos en Washington, D.C., constituyen una mayor evidencia de por qué esto es tan importante. Las escrituras nos advierten que no amemos al mundo ni seamos parte de él. No hay nada más en “esto del mundo” que sus sistemas políticos y estos son por lo tanto algo con lo que no debemos asociarnos (2 Corintios 6:16-18). Cristo lo afirmó claramente: “Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). Se nos instruye que nuestra ciudadanía está en los cielos y no en esta Tierra (Filipenses 3:20). Por esto es que deberíamos examinarnos continuamente para estar seguros de no caer en actitudes de división y contención que proliferan tanto a nuestro alrededor.

Cristo se refirió a una época de caos religioso, político y militar, que Él llamó: “principio de dolores” (Mateo 24:3-8). Estamos en verdad presenciando esa época, que se dice es tan solo el principio, con un período mucho más difícil, llamado “el fin de los tiempos”, que todavía está por venir. Es un tiempo de dolor, y si bien puede haber una ligera mejoría si los norteamericanos logran dejar de lado sus desacuerdos políticos lo suficiente como para traer una calma temporal, pero ya hemos entrado en un período oscuro. Pablo lo describió como “tiempos peligrosos” (2 Timoteo 3:1). Espero que ninguno de nosotros crea que la respuesta al conflicto social y a las diferencias políticas está en que los cristianos se involucren en partidos y causas políticas. Creemos que esto sería un peligroso error espiritual.

Jesús advirtió: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra si misma, tal casa no puede permanecer” (Marcos 3:24-25). ¿Puede alguien negar que esta nación es una casa dividida? Como Iglesia de Dios alrededor del mundo, nos debemos oponer a la violencia que acompaña tantas de las demostraciones actuales y los ataques contra los valores bíblicos fundamentales, y debemos estar a favor del Reino de Dios. No nos involucremos en manifestaciones políticas, y no creamos que existe algún ser humano que sea capaz de llevar a alguna nación a Dios. La profecía confirma este hecho. Sólo Jesucristo será capaz de hacer eso. Oramos por nuestros líderes para que “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad” (1 Timoteo 2:2).

Muchos hermanos en diferentes naciones alrededor del mundo han sido testigos de la violencia política, mientras han vivido bajo gobiernos injustos, crueles, despóticos. Con el beneplácito de la Iglesia de Dios, muchos ha dado un excelente ejemplo al aplicar el reto que encontramos en las palabras de Pablo: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no han autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para si mismos” (Romanos 13:1-2).

Cuando Pablo escribió estas palabras, la autoridad que gobernaba era Nerón —un emperador impío, violento, cruel, libertino.

Pedro también escribió durante el reinado de Nerón y lo mencionó como “rey”: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey” (1 Pedro 2:13-17).

Por décadas hemos sido testigos de cómo tantos de nuestros hermanos alrededor del mundo han dado un maravilloso ejemplo de cómo un cristiano debería reaccionar en semejante ambiente. En estos momentos caóticos, los animamos a que cada uno de nosotros dé ese ejemplo de actuar según Dios. Nos esperan tiempos peores, y como pueblo de Dios, debemos aprender de estos tiempos problemáticos y prepararnos para el futuro en que las cosas sólo van a empeorar.

Entonces, ¿cuál es nuestra responsabilidad? Debemos ayunar y orar pidiendo la paz para que podamos predicar el único mensaje que nos da esperanza —el evangelio del Reino. Debemos ayunar y orar por la Iglesia, por nosotros mismos, acercándonos a Dios para que podamos permanecer firmes en la verdad contra los engaños de Satanás y no involucrarnos en movimientos políticos que han dividido de tal manera al mundo. Debemos estar por Cristo, como nuestro Salvador, y por el verdadero cristianismo como nuestra fe.

Como miembros de la familia de Dios, debemos permanecer firmes en nuestras creencias en tanto que nos lamentamos ante cualquier vida que se pierda. No somos parte de los sistemas políticos de este mundo, no somos parte de ningún partido político, ya sea republicano, demócrata, ni ningún otro. Todos estos son sistemas y partidos de los hombres en un mundo que está bajo el engaño de Satanás.

Con la Pascua tan solo a 12 semanas, es en verdad tiempo de que todos examinemos nuestros propios corazones para estar seguros de que como cristianos estemos siguiendo el ejemplo de Jesucristo a pesar del caos que hay a nuestro alrededor. En este proceso, necesitamos detenernos y ver los gobiernos humanos por lo que son en realidad y sacar los debates políticos y las controversias mundanas de nuestra vida. Como sus hijos, creemos que Dios no espera menos de cada uno de nosotros.

Hermanos, Dios nos ha hecho el llamamiento más glorioso que nos podamos imaginar. Él se refiere a nosotros como su especial tesoro, y Él valora la parte que le hemos dado a su obra, la obra más importante, en este momento de la historia. Como el apóstol Pablo dijera en Filipenses 2:15, nosotros debemos: “para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo”.

Cordialmente, su hermano en Cristo,

Jim Franks

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