Cartas a los Miembros

Marzo 09, 2017

Queridos hermanos:

Jeremías 29:11 es uno de los versículos más citados en placas y artículos religiosos y por una buena razón. Contiene un mensaje poderoso y positivo, algo que no vemos mucho en estos días.
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Eterno, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis”.

¿Hay algo que la humanidad necesite más en la actualidad que la paz? ¿Y algo más importante que la esperanza? Los versículos que siguen son igualmente poderosos:

“Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscareis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice el Eterno, y haré volver vuestra cautividad, y os reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde os arrojé, dice el Eterno; y os haré volver al lugar de donde os hice llevar” (vv. 12-14).

El escenario para estos versículos era Babilonia, adonde los judíos habían sido llevados cautivos en el siglo VI a.C. Un falso profeta de nombre Hananías había profetizado que los judíos estarían en Babilonia sólo dos años y luego regresarían a su tierra (Jeremías 28:1-4). Los judíos se alegraron y estaban animados al escuchar que pronto regresarían a su hogar en Judea. Pero Jeremías interrumpió su celebración dándoles una profecía diferente —los judíos sí regresarían bien a Judá, pero no hasta que pasaran 70 años, lo que significaba que la mayor parte de esa generación moriría en Babilonia. No sólo los judíos no regresaron a Judea en dos años, sino que además el falso profeta Hananías estaba muerto en menos de un año (v. 17).

La muerte de Hananías y la profecía de los 70 años de Jeremías causaron gran desánimo en los judíos. Para dar algún ánimo en ese momento tan difícil, Dios inspiró a Jeremías a escribir una carta a los cautivos, con los versículos que citamos anteriormente. Y en esta carta también Jeremías dio estas instrucciones específicas para el resto del cautiverio:

“Así ha dicho el Eterno de los ejércitos, Dios de Israel, a todos los de la cautividad que hice transportar de Jerusalén a Babilonia: Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos. Casaos, y engendrar hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas, para que tengan hijos e hijas; y multiplicaos ahí, y no os disminuyáis. Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella al Eterno; porque en su paz tendréis vosotros paz” (Jeremías 29:4-7).

Imagínese que usted estuviera en semejante situación, lo desanimado que estaría. Usted pensó que regresaría a su tierra en dos años, pero ahora le dicen que esto ocurrirá en 70 años. ¿Ha experimentado la Iglesia algo similar? ¿Nos afecta esto a usted y a mí en la actualidad?

Me acuerdo mientras crecía en la Iglesia en los años de 1950 y 1960, que enseñaban que el regreso de Jesucristo estaba cerca. Y a medida que nos aproximábamos a estas fechas, tales como 1972 y 1975, había cierta ansiedad y expectativa pensando si esto sí iba a suceder. Como adolescente en la Iglesia, que se graduó de bachillerato en la primavera de 1968, estaba preocupado con mi futuro. ¿Me casaría? ¿Me graduaría de la universidad? ¿Tendría una carrera? Esto sucedió hace casi 50 años y por supuesto, llegamos a entender que Dios tenía otro cronograma.

En estos años, había una urgencia acerca del regreso de Jesucristo. Vemos un ejemplo similar en la época de los apóstoles. Por lo que ellos escribieron, podemos ver que ellos esperaban que Cristo regresara mientras estaban vivos. El apóstol Pablo fue muy claro acerca de esto en su primera carta a los Tesalonicenses. No fueron falsos profetas, no estaban predicando falsas profecías tal como Hananías lo era y lo hacía. Ellos simplemente no entendieron el momento de las profecías acerca del regreso de Cristo. Esto ha planteado una gran dificultad a la Iglesia en muchas generaciones desde el primer siglo —sabiendo qué va a pasar, pero sin saber cuándo va a pasar.

Entonces, ¿cuál es el punto —que estábamos errados cuando especulamos acerca de fechas específicas? Es cierto que estábamos equivocados, pero éste no es realmente mi punto. En vez de esto, me gustaría considerar lo que pasó con todas las personas que fueron parte de la Iglesia en estos años. Es equivocado hacer declaraciones lastimeras y generalizar, pero no hay duda de que varias personas se desanimaron cuando se dieron cuenta de que el fin no vendría cuando ellas pensaron que sí lo haría.

Creo que el consejo dado por Jeremías es realmente un buen consejo para nosotros. No sabemos realmente cuándo va a regresar Cristo. Por lo menos dos generaciones han estado presentes desde 1968. ¿Habrá más? No sabemos. El consejo de Jeremías siempre está vigente y nos da un esquema para el cristianismo en el tiempo del fin —y sí, creo que estamos viviendo en el tiempo del fin.

“Edificad casas, y habitadlas; y plantad huertos, y comed del fruto de ellos”. En otras palabras, viva su vida. Provea para las necesidades físicas de su familia. No sea negligente en esto porque usted cree que viene el fin —sí viene, pero esto no justifica que usted ponga su vida en entredicho.

“Casaos, y engendrad hijos e hijas; dad mujeres a vuestros hijos, y dad maridos a vuestras hijas”. Continúe planeando su futuro —matrimonio, familia y carrera. No abandone su educación o su deseo de tener una carrera específica. Es el siervo que es hallado “haciendo así”, el que es recompensado por su esfuerzo cuando el maestro regrese (Mateo 24:46).

“Y procurad la paz de la ciudad a la cual os hice transportar, y rogad por ella al Eterno; porque en su paz tendréis vosotros paz”. Debemos orar por nuestra nación y nuestros líderes. ¿Por qué debemos orar? En 1 Timoteo 2:1-2, Pablo nos exhorta a orar por nuestros líderes para que “vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad”. Además, debemos orar para que la obra de Dios no se vea obstaculizada por los gobiernos del hombre.

No somos judíos que están en cautiverio en Babilonia, pero somos cristianos que viven en un mundo malo y violento, un mundo que está secuestrado por Satanás. No podemos obligar a Cristo a venir más pronto de lo que el Padre tenga estipulado. No me malinterpreten, debemos estar preparados para el regreso de Cristo en cualquier momento, su regreso conmocionará y sorprenderá al mundo (Mateo 24:42-51). No debemos aletargarnos, y nuestro mensaje siempre debe tener un sentido de urgencia. Podemos ansiar el regreso de Cristo y tener un sentido de urgencia al predicar el evangelio, y además tener una vida. Parece que algunos en los años de 1950 y 1960 pusieron su vida en suspenso mientras esperaban el regreso de Cristo. Entonces, cuando Él no regresó en los años de 1970, se desanimaron y algunos incluso se llenaron de resentimiento.

Hermanos, Dios nunca nos ha ordenado que dejemos de vivir la vida. Nos ha instruido para que siempre estemos listos, que oremos sin cesar, que obedezcamos sus leyes, que lo busquemos diligentemente y que prediquemos las buenas noticias (evangelio) del Reino de Dios en todo el mundo. Cristo va a regresar a esta Tierra para establecer su Reino —¡nunca duden de este hecho! Hasta que llegue ese día, haga todo lo que pueda para agradarlo a Él, viviendo su vida como una luz brillante en un mundo muy oscuro. Respalde la obra de predicar el evangelio y ore fervientemente: “venga tu reino”.

Cordialmente, su hermano en Cristo
Jim Franks

Jim Franks

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