Cartas a los Miembros

Abril 03, 2014

Queridos hermanos:

En el momento en que ustedes reciban esta carta, la Pascua estará muy cerca ya. Si su calendario es parecido al mío, estarán muy ocupados preparándose física y espiritualmente para el servicio de la Pascua y los días de Panes Sin Levadura. Es fácil enfocarnos en lo físico —removiendo la levadura de nuestra propiedad y haciendo planes para la noche de guardar— pero sería una pena que estuviéramos preparados físicamente, pero falláramos en prepararnos espiritualmente.

El apóstol Pablo lo explica en 1 Corintios 11:26: “Así pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”. Sabemos por la Escritura que ésta es una ceremonia anual y no algo que decidimos hacer semanal o mensualmente o en cualquier momento que queramos. Esto no es lo que significa “todas las veces que comiereis este pan y bebiereis esta copa”. El significado en más en el sentido de “cuando” —o “en el momento”— en que usted coma el pan y beba el vino, lo está haciendo con este propósito. No implica “tan frecuentemente como quiera”. El punto es que cuando lo hagamos, lo hacemos para proclamar la muerte del Señor. Pablo no nos está dando permiso para hacerlo más de una vez al año como está ordenado en la Escritura y era la costumbre de la Iglesia del Nuevo Testamento.

Entendamos que cada vez que tomemos la Pascua estamos proclamando la “muerte del Señor”. ¿Cómo proclama usted la muerte de Jesucristo en el servicio de la Pascua? La palabra griega para proclamar es con frecuencia traducida “predicar” o “anunciar”. Al comer el pan sin levadura y tomar del vino en la noche de la Pascua, usted está haciendo un anuncio. Usted está reconociendo le forma de vida que ha escogido, y está anunciando que usted es un cristiano. Como Cristo derramó su sangre y murió por sus pecados, usted está dispuesto a darle su vida a Él. Usted es un cristiano, un seguidor de Jesucristo.

Reunirnos para conmemorar la muerte de Jesucristo es algo muy solemne y nos hace sentir humildes. Por más de 40 años, he hablado en el servicio de la Pascua. Normalmente dedico todo un día para orar, ayunar y trabajar en el mensaje. Quiero que salga bien, cubriendo el material y siguiendo el bosquejo que Cristo dio en la Pascua final antes de su muerte. Quiero que esa tarde sea especial para los hermanos. Pero siempre me siento indigno y no calificado para hacer el trabajo como debería hacerse.

Veamos lo que Cristo dijo en una de sus confrontaciones más largas y famosas con los fariseos y cómo esto se relaciona con este tema. El incidente está registrado en Juan 8, en donde las palabras de Cristo enojaron tanto a los fariseos que al final del capítulo ellos estaban tomando piedras para arrojárselas (Juan 8:59). Su ira se intensificó mucho cuando Él mencionó a Abraham: “Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó” (v. 56).

¿Cómo vio Abraham el día de Cristo? Sabemos que Abraham caminó y habló con aquél que se convirtió en Jesucristo. Él es llamado el Verbo en Juan 1:1 y sabemos que en varios lugares del Antiguo Testamento se refieren a Él como YHWH. Abraham caminó con Él, habló con Él y comió con Él. Pero, ¿cómo vio él el día de Cristo?

En preparación para la Pascua, en un sermón reciente me referí a un incidente en la vida de Abraham, que fue un anticipo de lo que Cristo iba a pasar. Este ejemplo increíble lo encontramos en Génesis 22, e involucra a Abraham y a su hijo Isaac. Sabemos la historia, pero, ¿ha pensado alguna vez que por medio de este acontecimiento Dios le mostró a Abraham lo que ocurriría en el día de Cristo? A Abraham Dios le dijo que tomara su único hijo Isaac y lo sacrificara. Abraham debió estar sorprendido, pero no hay registro de la respuesta excepto que él preparó todo para hacerlo.

Entendemos que Isaac era un joven y no un niño. Él pensó que iban a sacrificar un cordero; pero cuando llegaron al Monte Moriah, Abraham aparentemente le informó que él iba a ser el sacrificio. Isaac voluntariamente le permitió a su padre amarrarlo y colocarlo sobre el recién construido altar. Y cuando Abraham alzó su mano para matarlo, un ángel lo detuvo. Un carnero que encontraron en las ramas reemplazó a Isaac y se convirtió en el sacrificio.

¿Qué aprendió Abraham de esta experiencia? Él “vio” lo que el salvador del mundo tendría que pasar, voluntariamente morir como sacrificio por toda la humanidad. Creo que Abraham “vio” el día de Cristo, tal como la Escritura nos lo dice en Juan 8. Él no mató a su hijo, pero pasó por toda la preparación para hacerlo y las emociones que esto conllevaba. Cada año en la tarde de la Pascua, se nos pide que “veamos” lo que Cristo tuvo que pasar, recrear su muerte al tomar los símbolos y discernir acertadamente su cuerpo (1 Corintios 11:29).

Mi pregunta es, ¿cuán bien vemos lo que Cristo hizo por cada uno de nosotros? Como cristianos, podemos proclamar solamente algo que entendemos y vemos con claridad. Abraham e Isaac pudieron verlo claramente al vivir un prototipo del sacrificio de Cristo, lo cual explica porque Cristo dijo que Abraham “se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó”. Cada año, en la noche de la Pascua, se nos pide que proclamemos la muerte de Jesucristo reflexionando en su sacrificio. Este evento es algo crucial en nuestra salvación y es un historia tan importante que nunca debe ser algo casual para nosotros.

Quisiera desearles a todos la Pascua y Panes Sin Levadura más significativos. Sharron y yo estaremos en Fidji la semana anterior a la Pascua, y en Auckland, Nueva Zelandia, para el sábado, la Pascua, la noche de guardar y el primer día de Panes Sin Levadura. Regresaremos a Estados Unidos para el último día de la fiesta. Tomen el tiempo necesario para prepararse para estos días. Aparten un día para ayunar y dedicar un tiempo extra a la oración y al estudio. ¡Nunca den por sentado estos días!

Sinceramente, su hermano en Cristo
Jim Franks

Jim Franks

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