Cartas a los Miembros

Abril 06, 2017

Queridos hermanos:

Hay ciertos momentos del año en el que el tema de artículos, cartas, sermones y estudios bíblicos son especialmente escogidos. En el momento de escribirles esta carta, la Pascua la estaremos celebrando en una semana y cuando ustedes la lean, la Pascua estará a unos pocos días.

Antes de compartir con ustedes mis pensamientos acerca de la temporada más importante del año, quiero darles unas buenas noticias. La semana pasada firmamos el contrato para comprar un lote de terreno en la parte sur de la ciudad de McKinney (un suburbio al norte de Dallas). Tenemos un período de prueba de 90 días, en el que podemos anular el contrato si descubrimos cualquier inconformidad con el terreno. Si no hay inconvenientes, después de cerrar el trato (probablemente en julio), nos convertiremos en propietarios. Después comenzaremos a construir un edificio en la propiedad, lo que nos tomará buena parte del año entrante, con una fecha tentativa de traslado allí del 1 de junio de 2018.

Si bien esto representa un gran paso para la Iglesia, creemos que eso representará un gran ahorro e inversión para nosotros en los años que tenemos por delante. Y ya que estamos pagando en efectivo por el terreno y financiando la construcción del edificio, no creemos que esto represente ninguna interrupción en nuestros planes de predicar el evangelio y cuidar de los miembros. Como ustedes saben, nuestra prioridad es —y la misión de la Iglesia— ir y predicar “el evangelio del reino… en todo el mundo” y “haced discípulos en todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Mateo 24.14; 28:19-20). Y tenemos muy presente la promesa de Cristo: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20).

Con la Pascua a pocos días, ustedes probablemente ya tengan casi finalizada la tarea de remover la levadura de sus hogares. En nuestra familia, comenzamos a hacerlo un par de semanas antes de la Pascua. Lo primero que hace mi esposa es identificar todos los productos leudados y luego los reúne en un solo lugar, normalmente una caja que coloca en la cocina. En este punto del proceso, hay reglas estrictas. En los días previos a la fiesta, los productos leudados sólo pueden ser consumidos a unos pocos pasos de la caja.

En la oficina hemos pedido que toda la levadura ya haya sido removida para el jueves 6 de abril. Cada persona limpia su cubículo de la oficina y además tenemos voluntarios en la oficina para limpiar la cocina, los corredores y otras áreas comunes. No se permiten productos con levadura en la oficina a partir de esta fecha.

Todo esto requiere trabajo. Y en medio del trabajo físico, es importante que hagamos una pausa para asegurarnos de que no estamos perdiendo de vista lo más importante —las lecciones espirituales de la levadura y los panes sin levadura.

Cada año, con el ejercicio de remover físicamente la levadura, nos damos cuenta lo difícil que es quitar el pecado de nuestra vida. En varias ocasiones he quedado sorprendido de que algún producto que yo no sabía contenía levadura. Esto me hace pensar que tal vez estoy pasando por alto algún pecado en mi vida. En nuestra familia nos esforzamos por sacar la levadura con suficiente anticipación a la fiesta, pero ha habido años en los cuales no lo hemos podido lograr y aún nos ha tocado botar pequeños sobres con levadura mientras vamos de camino a la ceremonia de la Pascua. Por supuesto, todos tenemos anécdotas que contar con respecto al descubrimiento de levadura en nuestros hogares durante los días de Panes Sin Levadura.

Como Iglesia, hemos sido criticados por tomar las Escrituras literalmente y remover la levadura de nuestras casas. Aquellos que nos critican señalan que es una labor física y nos acusan de ser legalistas. Por supuesto, mi propósito al escribirles esta carta no es convencer a los que siempre critican, sino animarlos a todos ustedes diciéndoles que ¡seguir las Escrituras siempre es lo correcto!

El apóstol Pablo les escribió a los corintios: “Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros. Así que celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5:7-8).

La frase que dice “para que seáis nueva masa, sin levadura como sois” es enormemente trascendental. Muchos creen que es una referencia a estar sin levadura a nivel espiritual y que no tiene nada que ver con la levadura física. Pero en verdad este no es el caso. Asumir que los hermanos de Corinto podrían ser considerados por Pablo sin levadura a nivel espiritual es algo bastante improbable. En el capítulo 1 él los condena por división. En el capítulo3 los acusa de ser carnales, exactamente lo opuesto a estar sin levadura a nivel espiritual. En el capítulo 5 él los corrige por permitir la inmoralidad en medio de ellos, refiriéndose a esto como una forma de levadura que permea toda la congregación. En el capítulo 6 él los corrige por ir a la corte en un proceso contra un hermano. En el capítulo 10 él les advierte acerca de la idolatría, y en el capítulo 11 él les llama la atención por su comportamiento en la Pascua.

En los dos versículos citados anteriormente, Pablo usó la levadura y los panes sin levadura tanto en un sentido físico como espiritual. Él se refirió a que los corintios estaban sin levadura porque ellos habían removido la levadura física de su vida. Y él se refirió a “los panes sin levadura de sinceridad y de verdad” haciendo una comparación espiritual.

Ésta es otra lección que no podemos ignorar —que el hecho físico de remover la levadura, no los hizo a ellos mejores cristianos. De hecho, pareciera que los corintios estaban tan enfocados en lo físico que su vida espiritual estaba en entredicho. Pablo concluyó la segunda carta a los Corintios haciendo una sencilla petición: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5).

A medida que nos aproximamos a la Pascua, nosotros debemos hacer esto también. Examinarnos a nosotros mismos —no a su esposa, su esposo o su familia, sino a usted mismo. Cada año debemos ser diligentes para remover la levadura y mantenerla alejada de nosotros durante los siete días de la Fiesta. Pero yo espero que seamos igualmente diligentes para remover el pecado, porque sin esto, la labor física pierde su significado.

Yo espero que todos tengan una Pascua, noche de guardar y días de Panes Sin Levadura seguras y significativas. Sharron y yo estaremos en Centroamérica visitando a los miembros en el Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Regresaremos el miércoles 19 de abril. ¡Ésta es una época del año muy solemne pero también muy animadora!

Cordialmente, su hermano en Cristo
Jim Franks

Jim Franks

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