Cartas a los Miembros

Agosto 07, 2014

Queridos hermanos:

“¡El mundo es un desastre!”, le escuché decir a un comentarista de noticias muy popular, no de un predicador ni de un líder de un grupo religioso. Por supuesto, uno puede afirmar que estaba diciendo algo obvio. El mundo ES un desastre, y nadie parece ser capaz de rescatarlo.

Cristo nos advirtió que al fin de los tiempos habría guerras y rumores de guerras, pero esto sólo sería “principio de dolores” (Mateo 24:3-8). Me acuerdo que al crecer en el área rural de Arkansas, escuchaba a las personas comentar acerca de las malas noticias: “es tan sólo un mejor informe”. Con lo que querían indicar que las cosas no estaban empeorando —simplemente teníamos mejores fuentes de información y podíamos escuchar las malas noticias con más frecuencia que antes. Si bien por allá en los años 60 no teníamos canales de noticias 24 horas como sí los tenemos en la actualidad, ¿es razonable concluir que las condiciones en el mundo no se han empeorado desde entonces?

Creo que en toda mi vida no había visto unas condiciones mundiales tan desastrosas como las que tenemos hoy. Por supuesto, yo no estaba vivo durante la Segunda Guerra Mundial o en otros eventos catastróficos que forman parte de la historia del siglo XX. Los historiadores han afirmado que en el siglo XX se han matado más personas en la guerra que en cualquier otro siglo en la historia humana (The War of the World: Twentieth-Century Conflict and the Descent of the West: La guerra en el mundo: el conflicto del siglo XX y el declive de occidente, por Niall Ferguson). Trágicamente, durante la Segunda Guerra Mundial, murieron más civiles que combatientes.

En estos días es común que escuchemos acerca de la muerte de civiles y soldados, pero históricamente esto no ha sido así. La guerra civil siria y la lucha entre Israel y los palestinos son buenos ejemplos de cuánto ha cambiado todo: hasta el momento han perecido más civiles en estos dos conflictos y esto es lo que escuchamos casi a diario.

Donde quiera que miremos en el mundo, vemos guerra, enfermedad y tristeza. En el mes de julio esto fue especialmente evidente. En Ucrania surgió una guerra civil y no se ve ninguna solución en el horizonte. Rusia apoya a los rebeldes y la mayoría de naciones de occidente apoya a Ucrania. Pero el respaldo es en el mejor de los casos algo muy soterrado, ya que los actuales líderes de Ucrania derrocaron el gobierno elegido unos pocos meses antes. ¿Cuál lado es el que tiene la razón? Pareciera que a medida que se reinician los antiguos conflictos, la diferencia entre “los buenos y los malos” se vuelve más difícil de identificar.

En cuanto al avión de una aerolínea comercial de Malasia que fue derribado en territorio ucraniano, es claro quiénes son los “chicos malos” —las personas que dispararon el misil y enviaron a la muerte a 300 personas inocentes. No mostraron ningún respeto por la vida humana. Cuando ya se cruza la línea, generalmente no hay forma de evitar atrocidades peores. Lo más precioso que Dios ha creado es la vida humana, y justificar su destrucción es una de las peores tragedias de la historia humana. Desde la época en que Caín mató a Abel hasta la práctica moderna de destruir millones de vidas inocentes por medio del aborto y la guerra, los seres humanos han justificado el asesinato de su prójimo. Todos tienen una razón y cada razón está justificada a los ojos de quienes lo hacen (Isaías 5:20).

Los israelíes y palestinos están en el capítulo “quién sabe cual”, (hemos perdido ya la cuenta) de su conflicto. Cada vez pareciera que se empeora más y se pierden más vidas. ¿Hacia dónde nos conduce esta crisis actual? No creo que los israelíes se queden cruzados indolentemente de brazos mientras los palestinos bombardean sus ciudades principales y no creo que los radicales palestinos renuncien a su cruzada para destruir a Israel. Por lo tanto, podemos estar seguros de lo que seguirá a continuación. Pero no son tan sólo los palestinos. La verdad es que en el medio oriente hay más de un extremista decidido a lograr la destrucción de Israel.

Proféticamente hablando, vemos que se está preparando el escenario para los eventos descritos en Daniel 11:40-45, que se llevarán a cabo en “el tiempo del fin”, que involucrarán al rey del sur y el rey del norte. Este reino del sur será conformado por un país árabe o un grupo de naciones que atacarán a una unión europea de naciones. Este ataque provocará un contraataque de los europeos. La tierra santa es “la tierra gloriosa” descrita en el versículo 41 a la cual entrará el rey del norte. En el momento en que ocurran estas cosas, los Estados Unidos ya no tendrán ninguna influencia en la región.

(Si desea más información, puede ver nuestros artículos: “El rey del sur” y “El rey del norte”).

Es fácil ver cómo los sucesos en el medio oriente pudieran propiciar otra guerra mundial, o por lo menos una guerra entre los jihadistas islámicos y las naciones occidentales. Según el sitio www.warsintheworld.com, 62 naciones tienen conflictos y guerras en su propio territorio. Si la historia nos enseña alguna lección, entre estas 62 naciones hay por lo menos dos áreas capaces de encender la Tercera Guerra Mundial —Europa oriental/Asia occidental (en dónde hace 100 años comenzó la Primera Guerra Mundial, que se cumplen esta semana) y el medio oriente. Parece que una o posiblemente ambas áreas estarán involucradas en el comienzo de otra conflagración mundial. Agréguele a esto el desarrollo de armas nucleares en Irán y necesitaríamos ser ciegos para no ver “la mano escribiendo en la pared”.

Odio, dolor y la devaluación de la vida humana aumentan en este mundo oscuro en que vivimos. Pero la causa real es algo más profundo. Un espíritu airado llamado Satanás el diablo está suelto en el mundo (Apocalipsis 12:12). Este espíritu respira odio, ira y muerte. Las cosas podrán mejorar por un momento pero mientras este espíritu esté por ahí, sólo será cuestión de tiempo hasta que una racha de malas noticias vuelva a inundar al mundo, provocando más oscuridad y acercándolo más a su extinción.

Hace más de 150 años, Abraham Lincoln le escribió al pueblo americano en un período muy oscuro de la historia americana. El utilizó términos espirituales y sugirió una solución espiritual. Aquellos que creen que las armas, la guerra o los partidos políticos pueden corregir los problemas del mundo, están tristemente equivocados; nuestros problemas son espirituales y requieren soluciones espirituales.

Esto fue lo que Lincoln escribió a la nación en 1863:

Hemos sido los beneficiarios de las ricas bendiciones del cielo: durante muchos años hemos sido preservados en paz y prosperidad; hemos crecido en número, riquezas y poder de una forma en que ninguna otra nación lo ha hecho. Pero nos hemos olvidado de Dios. Hemos olvidado su poderosa mano, que nos ha preservado en paz y nos ha multiplicado, enriquecido y fortalecido; y hemos imaginado en vano, en el engaño de nuestro corazón, que todas estas bendiciones son producidas por nuestra sabiduría superior y virtud. Embriagados por nuestro éxito sin precedentes, nos hemos vuelto tan auto-suficientes que somos incapaces de sentir la necesidad de redimir y preservar la gracia, ¡demasiado orgullosos para orar al Dios que nos creó!

Nos corresponde a nosotros, entonces, humillarnos delante del Poder ofendido, confesar nuestros pecados nacionales y orar implorando clemencia y perdón. Ahora, de acuerdo con esta petición, y en consonancia con la opinión del Senado, proclamo y aparto el jueves, el día 30 de abril de 1863, como un día de humillación nacional, ayuno y oración.

¿Cuándo fue la última vez que usted escuchó a un líder de cualquier nación referirse a “pecados nacionales”? ¿Cuándo ha escuchado usted a un líder de una nación hablar de humildad o de un día de humillación nacional? Sí, los problemas espirituales sólo pueden ser enfrentados con soluciones espirituales. A medida que nos preparamos para los días santos que ya se aproximan, debemos reafirmarnos en la certeza de que el regreso de Cristo y la restricción de Satanás son las únicas respuestas reales. El día de Expiación lo estaremos celebrando en menos de ocho semanas. Celebrado como un día de ayuno y humildad, simboliza la restricción de Satanás por mil años y el comienzo de la reconciliación de la humanidad con Dios.

Nuestras oraciones por ésta época venidera deben ser fervientes y consistentes. Juan escribió al final del libro de Apocalipsis estas palabras: “El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén”. Luego, él agrega: “si, ven, Señor Jesús” (Apocalipsis 22:20).

El mundo es un desastre, ¿qué debería entonces estar haciendo el pueblo de Dios? ¿Deberíamos convertirnos en activistas políticos, unirnos al ejército o postularnos para un puesto oficial de gobierno? Ninguna de estas opciones soluciona realmente los temas espirituales que es necesario resolver. Los verdaderos cristianos deberían estar acercándose más a Dios, orando más fervientemente por el regreso de Jesucristo, obedeciendo los mandamientos y ayunando regularmente para asegurarse de tener la perspectiva de Dios y no la del hombre.

Debemos orar para que el evangelio del Reino de Dios pueda ir a todo el mundo. Estas “buenas noticias” son la única esperanza de la humanidad y la única solución real para la tristeza y muerte que vemos en la actualidad. ¡Oremos por que venga pronto ese Reino! Y no dejemos de orar por aquellos que están sufriendo.

Sinceramente, su hermano en Cristo
Jim Franks

Jim Franks

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