Cartas a los Miembros

Noviembre 07, 2013

Queridos hermanos:

Me gustó mucho el artículo de David Johnson que apareció en la edición de noviembre de De Común Acuerdo. El escribió acerca de la Fiesta de Tabernáculos de este año y su título fue “¿Qué se lleva a casa?”. Es fácil para nosotros olvidar las lecciones que aprendimos de la Fiesta de este año. El Sr. Johnson aclara que Dios no detiene su plan después de la Fiesta y espera para empezar todo nuevamente en la próxima Pascua. El plan de Dios avanza continuamente y ese progreso debe ser parte de nuestra vida todos los días. Así, a pesar de que la Pascua está a más de cinco meses, su significado debe estar en nuestra mente todo el tiempo.

Quisiera ilustrarles lo que quiero decir con esto por medio de una parábola (atribuida a un monje desconocido en el año 1100 D.C.), que leí recientemente:

Cuando era joven, quería cambiar el mundo. Me di cuenta que era muy difícil cambiar el mundo, entonces traté de cambiar a mi nación. Cuando descubrí que no podía cambiar a mi nación, comencé a enfocarme en mi pueblo. No pude cambiar a mi pueblo; y como hombre adulto, traté de cambiar a mi familia. Ahora, ya anciano, me doy cuenta de que lo único que puedo cambiar es a mí mismo; y súbitamente entiendo que si hace mucho tiempo me hubiera cambiado a mí mismo, podría haber tenido un impacto en mi familia. Mi familia y yo hubiéramos causado un impacto en nuestro pueblo. Su impacto hubiera podido cambiar la nación, y de hecho yo podría haber cambiado el mundo.

Es cierto que nosotros sólo podemos cambiarnos a nosotros mismos. ¿No es acaso esto vital en la lección de la Pascua y los días de Panes Sin levadura? Con la ayuda de Dios, podemos cambiarnos a nosotros mismos; y al cambiarnos a nosotros, podemos finalmente ayudar a cambiar al mundo. Al fin y al cabo, ¿no se trata de esto nuestro llamamiento, convertirnos en hijos e hijas llevados a la gloria en el Reino de Dios? (Hebreos 2:10).

Es doloroso ver cómo nuestras sociedades se desintegran ante nosotros, y ver como los gobiernos hacen implosión. ¡Quisiéramos cambiar todo esto ahora! Yo entiendo este sentimiento. Algunos creen que pueden cambiar el curso de la sociedad al involucrarse en política. Pero, como cristianos, se nos advierte que debemos salir de este mundo (Apocalipsis 18:4). ¿Qué podría ser más mundano que involucrarse en la política de la sociedad?

Este mundo actual ofrece muy poco que pueda ser aceptable para un verdadero cristiano. Abortos, homosexualidad y otros valores morales que van decayendo hacen parte y están presentes en la mayoría de los sistemas políticos que existen en la actualidad. En la política, las personas son obligadas con frecuencia a aceptar un candidato que sea el menor de dos males. Pero aun si claramente hubiera un candidato mejor, ¿podríamos cambiar el mundo o aun nuestra nación, si nos uniéramos a un partido político específico? Yo sugiero que la respuesta es no.

La primera cosa que debemos hacer como cristianos es enfocar nuestra atención en el Reino de Dios y cambiar nuestra vida para conformarnos a los estándares de ese Reino. ¡Qué vergüenza sería que por estar distraídos en los problemas y temas políticos del mundo, dejáramos de dedicarle toda nuestra atención a ese Reino venidero y al evangelio que debe ser predicado antes de su llegada!

El Reino de Dios es un gobierno perfecto, uno en el cual todos podremos participar de lleno, algo diferente a lo que sucede con los gobiernos de este mundo. En nuestras sociedades modernas, los cristianos son ciudadanos respetuosos de la ley; pagamos nuestros impuestos, y amamos nuestros países. Apreciamos a todos aquellos que se sacrifican por otros. Pero debemos ser honestos con nosotros mismos cuando miramos los gobiernos del hombre. Los resultados finales de sus esfuerzos son la inmoralidad, la guerra y la muerte.

Si estuviéramos entre los miles que están siendo asesinados en Siria, seguramente tendríamos que concluir que al mundo sencillamente no le importa. ¿Qué diríamos si nos atraparan en una de las muchas guerras civiles en África? ¿Qué valor le da el mundo a la vida humana? ¿Podríamos ser humanitarios sólo cuando nuestra seguridad personal o financiera se vean amenazadas en una crisis? Bajo el gobierno de Dios, todos viviremos según el estándar que Dios dio en Juan 3:16 “Porque de tal manera amó Dios al mundo…”. La vida en una nación occidental no tiene más valor que la de una en el Congo o en Siria.

El regreso de Jesucristo a establecer el gobierno de Dios en esta tierra es la única solución a todos estos insalvables problemas. ¡Pero queremos hacer algo ahora! La Pascua y los Panes Sin Levadura nos enseñan que ¡nosotros podemos cambiar nuestra vida ahora! ¿Cómo? Orando diariamente, ayunando ocasionalmente, estudiando la Palabra de Dios, ayudando a nuestros hermanos, sirviendo en las congregaciones locales, siendo apasionados del camino de vida de Dios y proclamando el venidero reino de Dios por medio de nuestra conducta diaria, nosotros podremos afectar la vida de otros.

Dudo de que exista una sola persona que al leer esta carta no sepa lo que debería estar haciendo: venciendo el pecado, acercándose a Dios, saliendo de este mundo, y amando la propia familia, a los hermanos y a las personas de este mundo como a sí misma. Si nosotros hacemos esto, haremos más para cambiar el mundo de lo que cualquier persona pueda hacer.

La Pascua está todavía a cinco meses. Pero también es un recordatorio de lo que deberíamos estar haciendo cada día. El apóstol Pablo lo expresó muy bien: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Pablo escribió a los Corintios: “cada día muero” (1 Corintios 15:31). Para convertirnos en alguien semejante a Cristo, no podemos hacernos el propósito una vez al año, sino que debemos comprometernos diariamente a hacer los cambios necesarios para lograrlo. Enfoquémonos en el Reino de Dios y su justicia (Mateo 6:33), y comprometámonos a cambiar la única cosa que podemos cambiar en realidad—nosotros mismos. Al hacer esto, ¡podemos ayudar a cambiar el mundo!

Sinceramente, su hermano en Cristo
Jim Franks

Jim Franks

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