Cartas a los Miembros

IGLESIA DE DIOS
una Asociación Mundial
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Febrero 11, 2011

Estimados hermanos alrededor del mundo:

Algunos momentos de inspiración llegan inesperadamente y uno de estos ocurrió esta noche mientras ojeaba nuestro nuevo sitio de Internet mejorado, www.cogwa.org. Cuando vemos la nueva presentación, los nuevos sermones disponibles, los nuevos blogs, la larga lista de congregaciones en todo el mundo…bueno, es mucho más que solo información—demuestra fruto, el producto de muchas personas trabajando con ahínco por algo en lo que creen.

Por muchas décadas hemos visto la realidad de la parábola de Cristo acerca del sembrador, cuando describió las diferentes reacciones de la gente que oye y responde a “la palabra del reino” (Mateo 13:3-9, 18-23). Algunos no entienden nada, otros tropiezan debido a varias dificultades,  otros están bien por un tiempo, pero eventualmente se vuelven improductivos, atrapados por los afanes del mundo. Pero luego habló de un grupo diferente—gente firme, con entendimiento, con determinación y orientada al crecimiento—que sencillamente siguen dando fruto. ¿Debemos pensar que el malo no está persiguiéndolos a ellos también? O ¿Que nunca sienten la presión de las pruebas o persecuciones? ¿Son inmunes a tener que lidiar con el “engaño de las riquezas”? No, aquellos que en forma constante dan buen fruto lo hacen a pesar de las circunstancias. De hecho, han aprendido a comportarse en todas las circunstancias que la vida les presenta con carácter santo, celo y dedicación. ¡Es inspirador ver esto y se ve en los frutos!

De vez en cuando, tenernos que afrontar el desafío de las circunstancias, pero los que dan buen fruto no pierden su determinación. Una vez conocí a un miembro cuya casa se quemó completamente—¡dos veces! Las pocas cosas físicas que se salvaron la primera vez se perdieron en la segunda, y fue muy difícil a nivel emocional. También nosotros hemos tenido nuestros incendios en la iglesia, que igualmente son devastadores de muchas formas. Pero el fuego no puede quitarnos nuestro carácter, o los frutos del Espíritu de Dios, o nuestro compromiso con nuestro llamamiento, o nuestro enfoque en nuestro destino. No, a menos que se lo permitamos, y es inspirador levantar nuestros ojos y ver a miles de personas que simplemente no permiten que las circunstancias los desalienten.

En esta vida de “crecimiento en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15), parece que estamos aprendiendo y apreciamos más, cómo “todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor” (vs. 16). Muchos están ayudando, dando de sus talentos, donando horas de su tiempo, haciendo más de lo que les corresponde; y el resultado de todo ello es que estamos logrando colocar de una forma consistente (y rápida) varias piezas de un nuevo edificio reorganizado. Apenas estamos comenzando y hay mucho por hacer, pero es muy inspirador ver diariamente estos nuevos sucesos tan alentadores.

Pero, hermanos, en medio de toda esta actividad, tenemos que plantearnos una pregunta importante: ¿Podemos estar tan ocupados en construir que nos olvidamos de crecer? En este momento estamos escribiendo la historia de la iglesia a comienzos del siglo XXI. ¿Qué van a leer sobre nosotros las futuras generaciones y los que estén en el milenio? ¿Qué es lo que Dios está evaluando primero y por encima de todo lo demás?

Es claro, a través de los escritos de Pablo que él comprendió que lo importante para Dios en cuanto a nosotros es nuestro crecimiento espiritual, crecer “en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.” También es claro a medida que miramos atrás en la era moderna de la iglesia en los últimos 75 años que las lecciones de la semilla y el sembrador están siempre presentes: No todos los que oyen la palabra y “hacen la obra” están centrados y plantados espiritualmente. Por ejemplo, muchos de nosotros recordamos bien que hace 15 o 20 años, cuando la iglesia estaba en apogeo en términos de miembros e impacto mediático, descubrimos que muchos habían perdido su enfoque y el estado espiritual de la iglesia era mucho peor de lo que nos habíamos dado cuenta, muy enferma y declinando rápidamente.

No podemos perder de vista esta lección fundamental. Sí, tenemos mucho que hacer para establecer la organización, pero también tenemos que hacer una gran construcción espiritual, y Dios deja muy claro que por encima de todas las cosas eso es lo que Él está observando.

No estamos muy lejos de la época del año en que ponemos nuestros pensamientos más que nunca en Él, y en cómo y cuanto estamos “creciendo” espiritualmente.  Estamos a 9 semanas de la Pascua, ¿Es demasiado pronto para enfocarnos, para empezar el prerrequisito de examinarnos a nosotros mismos? No, si deseamos que la pascua marque un cambio en nuestra  vida, como Dios lo desea.

En la Pascua del 2011 vamos a estar más solemnes que en cualquier otra época de nuestra memoria reciente. No vamos a estar en la misma sala con muchos amigos y seres queridos como estuvimos el año pasado. No vamos a estar lavando sus pies o compartiendo el pan y el vino. Tal vez vamos a estar luchando por perdonar algunas de las ofensas que nuestros hermanos y hermanas nos han infligido. O, quizás más difícil, nos vamos a sentir culpables por haber escrito o dicho palabras hirientes que ahora lamentamos profundamente o por haber causado dolor a otros con nuestra forma de actuar. En verdad, será difícil meditar en el concepto de unidad con Cristo en la Pascua, en un año de división con otras personas.

No, 9 semanas no es demasiado pronto para empezar a prepararnos para tomar la Pascua, y menos cuando se requiere este nivel de introspección espiritual. De hecho, necesitamos cada momento que tengamos disponible para que nuestras mentes estén enfocadas en todo esto, comenzando con la renovación de nuestro compromiso con Dios, hasta llegar al arrepentimiento de nuestros pecados ante Él.

Nuestros logros o fracasos del pasado –ya sea como individuos o colectivamente como un cuerpo—dependen por completo de nuestro estado espiritual. El nuestro es un llamamiento espiritual, un camino espiritual, basado en un cambio espiritual con metas espirituales. Los problemas más grandes en nuestra vida son espirituales; las soluciones son espirituales; y nuestra relación con Dios es un asunto totalmente espiritual. Nuestro grado de unidad, celo, perseverancia, fe, amor, esperanza y, sí, arrepentimiento y cambio –todos son asuntos espirituales.

El éxito o fracaso que tengamos en el futuro no dependen de algo diferente. Esa es la razón por la que no podemos permitirnos confundir la actividad de construir una nueva organización con crecimiento espiritual. Nuestra viabilidad no depende de cifras –gente, ingresos, proyectos, respuestas. Por ejemplo, la viabilidad financiera importará poco si no somos viables espiritualmente.

Todos sabemos estas cosas,  pero es necesario que nos las recuerden de forma regular. ¡Sólo podemos avanzar en nuestras rodillas! Comprometámonos juntos a orar más fervientemente por las necesidades espirituales del pueblo de Dios. ¿Cuántas veces en los últimos meses ayunamos por los problemas que estábamos enfrentando en la iglesia? Comprometámonos a continuar haciendo esto y a no descuidarnos. Comprometámonos a crecer en Cristo, buscando su dirección y corrección. Si hacemos eso, Dios bendecirá toda la obra y la planificación y las actividades que estamos haciendo para reorganizarnos.

Cuando comencé esta carta me referí al nuevo sitio de internet, espero que pronto puedan verlo. En la actualización semanal hay más información al respecto. Les debemos un “gracias” a todos los voluntarios que han dado bastante tiempo y conocimiento para lograr que esto ya esté funcionando.  También estamos muy complacidos por haber podido contratar 59 empleados esta semana –la mayoría de ellos pastores y unos cuantos trabajadores de la oficina. Además, nos hemos comprometido a cuidar de las necesidades financieras de las viudas y jubilados que han salido en fe para estar con nosotros. Casi todos aquellos que hemos contratado han estado sin empleo por lo menos 6 semanas, algunos por varios meses. Sin embargo, ellos continuaron sirviendo como antes, pero obviamente esto no podía seguir así indefinidamente. Todos estos hombres y mujeres han estado dedicados a servir las necesidades de la iglesia, a pesar de sufrir una pérdida financiera al hacerlo y  agradecemos profundamente su sacrificio. En este momento no podemos pagarles lo que valen realmente sus servicios o de acuerdo con el estándar anterior, pero esperamos que con el tiempo eso cambie.

Hace unas semanas un pastor desempleado me dijo bromeando, “estoy trabajando tan duro ahora, que me asusta pensar lo que sucederá cuando me empleen”. Bien, eso es lo que va a suceder. Cuando analizamos la lista de quehaceres organizacionales, es algo abrumador, pero dentro de un año vamos a mirar atrás  y podremos ver todo lo que se ha logrado con la bendición de Dios.

Quisiera también solicitar sus oraciones pidiendo la presencia de Dios y protección física, emocional y espiritual para varias personas que están enfrentando algunos desafíos.

Dave Baker está actualmente en un largo viaje por Asia visitando a los miembros desde Filipinas a Sri Lanka. Joel Meeker pronto estará saliendo en un viaje de 1 mes para visitar 8 países de África y 3 islas en el océano Índico, y Tom Clark también estará viajando pronto en respuesta a las solicitudes de varios miembros en Ghana que desean hablar con un representante de la Iglesia de Dios, Una Asociación Mundial. Todos ellos van a apreciar el hecho de que ustedes los estén acompañando en espíritu.

Gracias por su firmeza y dedicación. Que Dios esté con nosotros a medida que avanzamos.

Con cariño, de parte del equipo de gobierno interino y la junta de directores,

Clyde Kilough

Clyde Kilough

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