Cartas a los Miembros

Agosto 02, 2012

Queridos hermanos:

Acabo de regresar de un viaje muy provechoso al Asia. David Baker (pastor encargado de la mayor parte de Asia, Australia y las Filipinas) y yo nos reunimos en Sídney, Australia y estuvimos visitando a los miembros en esta región del mundo durante dos semanas.

Viajamos desde Sídney hasta Brisbane, de Brisbane a Singapur, de Singapur a Manila, de Manila a Naga y luego regresamos a Manila, antes de volver a casa. En dos semanas viajamos más de 25.000 millas.

Mientras estaba esperando en el aeropuerto de Manila en mi viaje de regreso a los Estados Unidos, me di cuenta que debía hacer una parada en Nagoya, Japón. Como no habíamos hecho ningún cambio en los planes, esta parada no estaba en mi itinerario. Esa breve estancia en el aeropuerto fue la primera visita al Japón.

Con los años he visitado varios monumentos de la Segunda Guerra Mundial en Filipinas: Corregidor, Península de Batán, el cementerio americano, sólo por nombrar algunos. La Segunda Guerra Mundial tuvo un efecto imperecedero en esta parte del mundo. Los filipinos sufrieron junto con los americanos mientras estaban luchando contra los japoneses. Pero cuando estaba sentado en Manila esperando el vuelo, vi a varios japoneses esperando también. Pensé en cómo eran de diferentes la cosas ahora comparado con los años de 1940. Esto sucedió antes de mi nacimiento, pero cuando uno lee la historia puede entender fácilmente la animada versión que existía entre las Filipinas y Japón en los días que siguieron a la guerra. Otra generación está ahora presente, y cuán diferente la situación actual en esta parte del mundo. Dos naciones que fueron enemigas acérrimas parecen sentirse cómodas ahora entre si.

Además, mientras volaba entre Nagoya y Estados Unidos, los anuncios se hacían en inglés y en japonés. Si pensamos que fue el bombardeo japonés sobre Pearl Harbor lo que marcó oficialmente la entrada de Estados Unidos a la guerra, encontré algo irónico que en la actualidad podamos volar en una aerolínea americana desde Japón a los Estados Unidos y que hubiera azafatas que hablaran en ambos idiomas. En verdad, el mundo ha cambiado mucho desde 1945.

La Segunda Guerra Mundial sacó a flote fuerzas malvadas que no se han visto de una forma tan extrema en la historia humana reciente. Todavía tenemos monumentos de la guerra en todas partes; pero las naciones, los líderes y una nueva generación de personas ven las cosas de una manera muy distinta, aunque la profecía nos asegura que esto no va a durar mucho. Desafortunadamente otras fuerzas del mal llegarán al escenario (que por supuesto ya está dado) para provocar una época de destrucción sin precedentes en la historia (Mateo 24:21-22). La Segunda Guerra Mundial y todo el trauma del siglo veinte son sólo una pequeña advertencia de lo que nos espera en el futuro.

Pero en la Iglesia, tenemos un futuro más brillante al que debemos mirar. Este no va a pasar porque el mal vaya a ser destruido al ganar una guerra o debido a que las perspectivas de las naciones puedan cambiar el mundo por algo mejor. Este futuro brillante va a ocurrir porque Cristo va a regresar y va a encadenar las fuerzas que han causado el mal desde el Jardín del Edén. Satanás y sus demonios serán encadenados durante mil años (Apocalipsis 20:1-2), permitiendo al mundo disfrutar de verdadera paz y felicidad. En pocas semanas estaremos celebrando esta época de gozo en la Fiesta de Tabernáculos. Antes de esta Fiesta, celebraremos dos días especiales: la Fiesta de Trompetas y el Día de Expiación. El regreso de Jesucristo y el encadenamiento de Satanás están representados en estos dos días. El mal que va a dominar al mundo al final de esta era será detenido. Será una batalla muy corta cuando Cristo, sus ángeles y los santos desciendan del Monte de los Olivos (Zacarías 14:1-4).

Como pueblo de Dios, debemos celebrar estos días santos con gozo y entusiasmo. Cada año debemos tener la meta de que estos días marquen un hito en nuestra vida. ¿Cuántas más Fiestas de Trompetas vendrán antes de que se cumpla completamente su significado? Por una parte, no importa mucho si son muchas o pocas. La clave es si realmente estamos listos para ese día. Al repasar su vida y la historia de la Iglesia, ¿ha vencido el pecado en su vida, o está usted venciendo el pecado en su vida? Si no es así, entonces, ¿por qué no?

¿Puede ser esta Fiesta un punto de quiebre para cada uno de nosotros? Cuando pienso en la historia de Asia y la Segunda Guerra Mundial, me sorprende cuánto han cambiado las cosas. Espero que podamos mirar nuestra propia historia y decir que también nosotros hemos cambiado—de lo que éramos cuando Dios nos llamó para ser parte de un grupo de personas bien cimentado en los principios de Dios.

Cuando el avión se dirigía a la cabecera de la pista, poco antes de despegar en el aeropuerto de Manila, me pareció interesante que en la aerolínea de Delta pusieron un video en el cual el gerente de operaciones comentaba que esta aerolínea había sido fundada sobre los principios de “honestidad, integridad y verdad”. Estos son valores que nunca pasan de moda, y en los cuales debemos basar nuestra vida. Esto requiere cambio. Vivimos en un mundo lleno de maldad, en medio del cual debemos brillar como luces (Filipenses 2:15), no porque seamos mejor que los demás, sino porque con la ayuda del Dios Todopoderoso hemos cambiado nuestra vida y hemos salido de las tinieblas que están a nuestro alrededor. Debemos vivir en el mundo, pero no debemos ser del mundo (Juan 17:15-16).

Esta será la última carta que les escribo a los miembros antes de la Fiesta. Espero que cada uno de ustedes tenga la mejor Fiesta de todas—una de cambio y de victoria a medida que el fin se aproxima. Por favor no olviden a nuestros hermanos que no van a poder asistir a la Fiesta este año—una tarjeta, una llamada telefónica o nuestras oraciones pueden significar mucho. Para algunos esta será la primera vez que no podrán asistir a la Fiesta después de muchos años de guardarla. Ya sea que tengamos que guardar la Fiesta en la casa o que podamos viajar a alguno de los sitios de la Fiesta, el significado será el mismo—un anticipo del futuro mundo de paz y felicidad.

Sinceramente, su hermano en Cristo,
Jim Franks

Jim Franks

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