Recuadro: ¿Cuál es el castigo de los impíos?

Al enseñar acerca del Reino, Jesús habló de una parábola acerca del trigo y de la cizaña, que crecen juntos en el mismo campo hasta el momento de la cosecha, cuando van a ser separados (Mateo 13:24-30). Después de despedir a la multitud (v. 36), Jesús les dijo a sus discípulos que esta cosecha representaba “el fin del siglo” (v. 39) cuando los ángeles cosecharían las personas para el Reino.

Continuando, Jesús les explicó que en esta cosecha los ángeles “…recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42).

“El horno de fuego” también se menciona en las Escrituras como “el lago de fuego” (Apocalipsis 20:15), en donde serán lanzados aquellos cuyos nombres no estén escritos en el Libro de la Vida. El castigo de los impíos—aquellos que no se arrepienten de sus pecados—es ser quemados.

Como lo explicara el profeta Malaquías: “Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho el Eterno de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama” (Malaquías 4:1). Continuando, Dios dice a los justos: “Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho el Eterno de los ejércitos” (v. 3).

Debido a la errónea idea de que los seres humanos tienen un alma inmortal, muchos también han creído erróneamente que los impíos sufrirán un tormento eterno en un fuego que nunca se apaga. Pero esto no es lo que la Biblia enseña. En lugar de esto, los seres humanos que no se arrepientan, serán misericordiosamente destruidos.

 

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