Uno de los mayores cambios en la vida de aquellos que están buscando el Reino de Dios es en cuanto a los días en que ellos se reúnen para adorar a Dios. En el cristianismo tradicional la mayoría de personas suponen que el domingo es el día para asistir a la iglesia y que las festividades tales como navidad y pascua florida son celebraciones en honor del nacimiento de Cristo y la resurrección. Pero—y aquí tenemos otra parte del “misterio del reino” (Marcos 4:11)—estos días no son los días ordenados para adorar en la Biblia. En vez de esto, Dios tiene días diferentes de adoración para aquellos que Él está llamando y preparando para su Reino.
El día semanal de adoración—el “sábado” como se llama en la Biblia—no es el primer día de la semana (el domingo) como muchos suponen. En lugar de esto, la Biblia establece que es el séptimo día de la semana (el sábado). Dios estableció este día de descanso desde el principio, cuando en seis días creó la tierra tal como la conocemos.
“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación” (Génesis 2:2-3).
Dios declaró específicamente que el “séptimo día será de reposo, santa convocación” (Levítico 23:3). El séptimo día era y continúa siendo el día de descanso de nuestras labores regulares y el día de reunión con el pueblo de Dios para adorarlo a Él. Contrario a la creencia popular, Dios nunca bendijo o santificó la adoración en otro día de la semana. Este día de reposo semanal y de reunión para adorar nunca ha sido cambiado por Dios.
Cuando Cristo vino a la tierra, Él adoró el séptimo día—el sábado (Lucas 4:16), y este fue el mismo día en que sus discípulos y la iglesia del Nuevo Testamento adoraron también (Hechos 13:14, 42, 44; 18:4). Por ser uno de los mandamientos de Dios (Éxodo 20:8-11; Deuteronomio 5:12-15), el séptimo día, sábado, continúa como actualmente “un pacto perpetuo” y una “señal” del pueblo de Dios actualmente, de la misma forma en que lo era para la antigua Israel (Éxodo 31:13, 16-17). Como Cristo dijo, debemos guardar los mandamientos si queremos recibir el don de la vida eterna (Mateo 19:16-19; Marcos 10:17-19).
En el libro de Hebreos, se afirma que guardar el sábado es un recordatorio del venidero Reino de Dios. Para establecer esta relación, el autor habla acerca de la tierra prometida, Canaán, como un tipo del “descanso” para la antigua Israel (3:7-19) y de otro “descanso” al que el pueblo de Dios podía entrar (Hebreos 4:1). Siendo una de las principales peticiones de nuestras oraciones (Mateo 6:10) y algo que debemos buscar primeramente en nuestra vida (v. 13), el Reino de Dios es claramente el descanso al que buscamos entrar.
El autor de Hebreos puntualiza después que Dios descansó el séptimo día de su obra de creación y por lo tanto “queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9). La palabra griega traducida “reposo” es sabbatismos, que significa literalmente un “descanso sabático” de acuerdo con el Louw and Nida’s Greek English Lexicon of the New Testament [Lexicón del Nuevo Testamento griego inglés de Louw y Nida]. Luego el versículo siguiente agrega que todo aquel que entre al Reino seguirá el ejemplo que Dios dio al dejar de trabajar en el sábado (v. 10).
A medida que adoramos a Dios en el séptimo día de la semana, se nos recuerda que Dios estableció el sábado al descansar Él mismo cuando estaba preparando la tierra para la humanidad, y que este día también representa el descanso futuro que anticipamos en el Reino de Dios. El séptimo día, sábado semanal, es entonces un importante recordatorio del plan que Dios tiene para invitar a los seres humanos a que se conviertan en parte de su familia eterna.